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Anita Maya "La Reina de los Gitanos" Tiene
ochenta y ocho años y en sus mocedades fue contrabandista.
La reina de los gitanos se encuentra en
Barcelona con motivo de la Semana Andaluza, que se celebra en el Pueblo Español
de la Exposición. Se llama Anita Maya. Y es una vieja de cara curtida, andares
de pato parsimonioso, con cierto contoneo aún de moza. Desde que llegó a
Barcelona, las gentes hacen corro a su alrededor. Porque ella sabe el origen de
todas las cosas, buenas y malas.
Niño, Te arquilo un barcón en el cielo-nos dice
al vernos, echando atrás con ambas manos las greñas blancas que le cosquillean
las mejillas y la pican los ojos.
Rasguea la guitarra, y de repente lanza,
como una sarta de cascabeles, la canción:
"En el sielo se arquilan barcones
para un casamiento que se vá hasé.
Se casa la Señora María
Con el patriarca señor San José."
¡Dios mio de mi arma, qué negruras, con la
fresca vos de cristal que yo tenía antes!
Antes. ¿Cuándo, Ani
En el café Siete Revueltas, de Málaga, y en el
del Burrero, de Sevilla. Pero debí atrapá esta Ronquera de gallo esplumao en
alguna parte, en una boda o en algún entierro... Mire Uté, la última ve que
canté en er café Siete Revueltas, ¡jozú!, estaba llena de gente la calle y los
guardias no, podían despejá... La voz me había vuelto grasias a un remedio de
cabayo. Gueno, po, cuando aparesí, los bastones golpearon en el piso, la mano
aplaudieron: era Anita Maya, la guena, la brava Anita. ¡ Como iban a reirse!
¡Bravo! ¡Olé!
Yo permanesía quieta, procurando aturdirme,
bebiendo,, con las narises estremesías, el vino embriagadó de ésta apoteosis;
mirando, con las manos tendias, las largas sonrisas de los ricos...
¡Chis, Chas! Comienso a cantá. Pero mi vos no
se oye bien. "¡Más alto", grita uno, que debía sé diputao. Por un instante me
repongo. ¡Enhorabuena!... ¡Olé, Anita! ¡Al fín va a empesá de firme!"... yo no
pueo; mi lengua está seca, una mano de hierro parese oprimime la garganta,
siento como martillaso en la nuca y la risa suena a farso entre mi labios...
Entonses como un reguero de polvora, er público se incomoda... U silbido... Dos
silbidos... Una tempestad... ¡La gente se pone de pie y toos prorrumpen en
gritos de animales!: "¡Miau! ¡Miau! ¡Quiquiriquí! ¡Que tome malvavisco!".
¿ Y usted?-me aventuro a preguntarle. – Yo el
idolo, estaba allí tiesa. Ese e er público... ¡Mirale, Anita, y aprende lo que
valen su entusiasmo, sus afecciones y su idolatría! En er público no hay
sivilasión. De echa, estremesía, olvidando el doló agudo, contemplé la gran
mentira... ¡Mira, Anita, mira bién y acuerdate!.
Anita Maya cuenta esto con amargura. Pero
vuelve en sí y se rie.
¿Cuántos años tiene Usted? - Cuatro veses
veinte duros y ocho duros más.

¿Quiere decirme por qué le llaman la reina de
los gitanos?
Canta:
"Por donde quiera que voy,
la gente me mira mucho:
¡la sombra dirá quién soy!
Ante de sé la reina de los gitanos, fui la
reina de la "forma"... –Esplíquese...
Hase
veinte años, o más quisá, gané el reinao de "forma", con otra bellesas, en un
concurso de "El Imparsial", de Madrid. Era yo una linda mosita. Ahora paresco un
cangrejo. Si se me respeta e porque yo tengo tanta sivilisasión, cojo, recojo y
engancho con grasia.
Me han
asegurado que hace unos dias bebió usted más de treinta copas de cazalla y que
le sentaron mal. -¡Quiá! Yo estoy libre de "parabanes". |
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La Casa donde vive Anita Maya, en Ronda, es un
lugar de peregrinación. El Juez, el Alcalde, el boticario el Registrador, damas
de alta y baja alcurnia, todas desfilan por su vivienda, archivo de la sabiduría
popular. Diariamente, desde Barcelona, se telegrafía al Secretario de Ronda,
diciendo que la anciana gitana come bien, duerme poco y bebe mucho. También se
telegrafía a los gitanos, que, impacientes ya, piden que regrese. Pero ella no
quiere marcharse.
-Como cuervos a la novedad de una res muerta-
dice-, han venio a la Exposisión gente de toda parte. Hay que ver ese movimiento
y ese barullo. Aquí se compra y se vende a lo ojo. De comé yde bebé, lo se
busque. La tela, riquisima. Yo he coprao una colcha bordada, requetefina, a la
vida como un pastel florido. De noche sobre todo, qué de baile, ¡jozú!, y de
música. Y no fartan mosita de ésa carita de regalo y blandita de corasón. La
Plata blanca corre como agua. Los afisionaos al trago no se andan con chiquita
pa empiná el codo....
-Por ahí se dice que usted y "Lagartijo"...
-Rafael Molina fué muy amigo mío, verdad. Pero
el hijo que tengo no e del, ni del General Contreras. Se lo pedí yo a la Virgen
de los Dolores, y me lo consedió. Créame, señorito de mi arma. Lo demá son
crítica, chumba y esto... Cierra en abanico los dedos de la mano.
Anita Maya
fue contrabandista de tabaco. Montaba su jaca mejor que nadie. -A mi me
bellagueó una jaca en la ladera, cuesta abajo, con peligro pa la jinete de se
lanzada al abismo. La mula que montaba una tarde se mató quebrandose el tronco
del cogoteal darse la vuelta, a la carrera, uyendo de los siviles...
La reina gitana charla,
exagera y miente, y estoy seguro de que adivina que yo no le creo ni una
palabra.
¿Por donde contrabandeaba,
Anita?
Por toda
la Serranía. Una ves pasamos nueve dias "najando" po el pié a los civile... No
dio alcanse el frio en el camino, las mulas de carga venían flojeando yá. Allá
por la cuesta del Gato descargamo. La mula, rendida por la penosa jornada, con
el lomo molío y dolorío, se revolcaban en lo blando, a su ancha, entre quejios
de esa satisfasión que ningún otro aNimal conose.
El frio
prinsipaba a hasé la oreja. ¡Que nocha perra! La madrugada pardeaba apenita,
cuando uno de lo gitano, que se despertó primero, despertó a los otros. Como no
acostamos vestio, no levantamos sin tardanza. Deaspués cada uno amontonó la
prenda de su montura en que había dormido. Corría un viento delgadito y ligero
como un galgo y jelao de cortá la carne. La mula comensaron a enfilarse a la
cola. Teníamo que pasá una serranía, tan temida en verano con lo solaso como en
invierno, po el viento allí tirita de frio. Caminamo, caminamo...
Hace una pausa. En seguida
bebe, una tras otra, dis coas de cazalla.
-Habiamo
cumplío la mayó parte de trayecto. Toos estábamo bastante alegre. De pronto, a
distansia, devisamos una lenta comitiva... En un cajonsito pintao de verde,
tierno, como la hojaprimera del espinillo, y rosa, como la mejilla de lo infante
sano, yasía un angelito de mi rasa. El padre del finadito había convidao a la
comitiva con mucha largesa, que se pasaron toíta la noche bailando. Para toos
pudieran verle, lo llevaban descubierto. La comitiva seguía sin sentí cansansio,
grasia a la cazalla, que hase olvoda a las coplas de algún chusco, que hasía
sonreí a las niñas y avergonzá a los mozos... En eso oimos: ¡Esperen; yo voy a
ve el angelito!" Y los mísicos dejaron de tocá pa mirá, como toos venia la vos.
En la cumbre aparesió una muje...
¡No se
vayan! –gritaba-. ¡Quiero verlo!... ¡No me dejen con el antojo!... A la vose de
la gitana la comitiva se detuvo un instante, y en la sierra todo fue espera.
Pero la distansia , po la revuelta del sendero, era larga... Hubo un momento de
indesisión... Alguno pensamo en la angustia de la encitá: no debía quedá con ese
pensamiento de mal agurio. Alguien dijo:
No se pue
esperar; es tarde ya. Y los músicos que habían aprovechao el arto pa echarse al
coleto grande trago de aguardiente, comensaron a tocá. -¡No me dejen con el
antojo, no se vayan, ya los alcanso!-imploraba la cuitada.
Pero sus
voses fueron cubierta po el,parche, que resonaba como una mano del dieblo... Y
el cortejo se perdía... Entonses la madre, deseperá, en ve que tomá el sendero,
comensó a bajá po la pendiente. Nadie quiso esperarla. Cuando la madre vió que
la comitiva se alejaba, apresuró el descenso; resbaló, y cayó... Bajaba como una
bolita, rebotando de piedra en piedra hasta el, fondo. Cuando llegué tenía vía.
Le dí una saliva mía po too el cuerpo y cargamo con ella. Serca de Tuba no salió
al paso el capitán Villena con sus hombre. Y con la ayuda de la enfermita, que
con mi saliva se puso bien, emborrachamo como pellejo al capitán y su tropa,
pasando nosotro la carga tan lindamente.
Se arregla el mantón, se
pasa la mano por los cabellos y comienza a cantar:
"Manque toquen a rebato
las
campanas del olvío,
en mi no s’paga el fuego
que tu queré ha ensendio.
¡ Viva Ronda ¡
Reina de los sielos,
Flor d’Andalusía.
¡Quien no t’ha visto que
se ponga aquí!" |