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POESÍAS

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Cabo Negro de Río Martín.

Río Martín pueblo de la costa Mediterránea,
donde nací al lado de su playa,
recorría todos los días descalzo
metido en el agua,
me sentaba en la arena
contemplando las barcas
su cielo azul y sus nubes blancas.
Cuantas veces me iba
de pesca a su montaña,
que era uno de los cabos
que penetraba en el mar,
donde abundaba la pesca
por sus rocas negras,
cabo negro se llama
donde existe la mayor grandeza
de esa costa Mediterránea
que baña mi tierra,
en un rincón de Marruecos
que linda con España.

Era muy niña todavía.

Era muy niña todavía
cuando yo la conocí,
fue creciendo a mi lado
hasta que se hizo mujer.
De juventud resplandece
todo su cuerpo,
como los rayos del sol
que ilumina el universo,
ella juega ríe y coquetea,
y a mí me llena de ilusión
esa alegría tan grande,
que brota de su corazón,
aunque le doble la edad
ella se encuentra orgullosa,
de poderla defender
de este mundo de maldad.
 

 

La vendimia.

En la vendimia de la huerta

de Francisco Ruiz Valero,
mi hermana Isabel
cogiendo los racimos,
por la mañana temprano,
con las uvas en la mano
para ir luego limpiando,
embalando en las corvas
para vender en el mercado,
se van preparando los bultos
y etiquetando con cuidado,

para su buena presencia
como la mejor cosecha,
de esa rica uva moscatel,
que la tierra de la huerta,
del Sr. Ruiz Valero ha dado.
 

 

Para que siempre te acuerde de mí.


Para que siempre te acuerdes de mí,

he querido hacerte un regalo,

para que siempre te acuerdes de mí,

lo pongas en tu cabecera

y tu pienses en mí

como si yo tu novio fuera,

enamorándome de ti

he ido sin darme cuenta,

enamorándome de ti,

pero ya es demasiado tarde

para poderme arrepentí,

te quiero con toda mi fuerza,

aunque tu no me quiera

me tengo que conforma,

aunque tu no me quiera,

pero viviré con el recuerdo

de haber conocido a la niña,

más bonita de mis sueños

 

La Guitarra

Me pare para admirar y contemplar
una guitarra que en un escaparate había,
todos los días solía por allí pasar
solo para mirar aquella guitarra,
que tanta ilusión me hacia,
conseguí que mi padre me la comprara,
fue mi dicha y alegría tan grande,
que aprendí a tocar sus cuerdas
con un gran amor de esperanza
de poder siempre abrazarla,
y transmitirles a sus cuerdas
mi alegría mi dicha y mi nostalgia,
desde aquel día a sido mi compañera,
donde siempre he podido acariciarla,
para contarle mis alegrías y mis penas,
es tanto lo que la quiero
que no puedo pasar sin ella,
porque me anima toda mi alma,
de sentir la satisfacción
De saber cuando algo verdaderamente se ama.

 

El Baile

El arte en toda tu figura
uniendo tanta armonía,
embellece el aire que rodea
esos movimientos tan bellos
que llevas tan adentro,
sombreas todo lo que te rodea,
con solo mover tu cuerpo,
lo que encierra tanta belleza
brota sin tu saberlo,
con ese gran poderío
que vas derramando
al compás del taconeo
cuando estas bailando,
lo hace sentir tanto
que el suelo tiembla
porque quiere abrazadlos,
esa gracia infinita
que siempre perdurara
cuando nace de verdad,
ese arte tan grande
Que dios te dad.
 

 

El cante

El cante es algo tan grande,
es como un caballo desbocado
que quiere salir corriendo,
en medio de los campos
en busca de la libertad
para sentirse contento,
es algo que arrancamos
de lo más profundo del alma,
para el desahogo de las penas,
alegrías, desaires o nostalgias,
es un prodigio que nos dad dios,
para que podamos entendernos
todo lo que queremos expresar,
a nuestros seres queridos
o aquellos que tenga tanta maldad,
es algo que se lleva tan adentro
que sacamos de nuestro pecho,
de lo más profundo del alma,
eso es el cante el desahogo
de nuestras almas.

La Lista de Embarque

Desde el puerto de Algeciras
embarcaba yo aquella tarde,
y en un bar que había en el muelle
escuche una voz cantante,
y sin pensarlo dos veces
me metí para animarle,
fue tanta la emoción que sentí,
que perdí la lista de embarque,
después de un largo tiempo
sin ir a casa a ver a mis padres,
preferí oír aquel cante
con voz dolorida y con mucho arte,
cuando por las calles sentía una guitarra
oh la voz del cantaor me paraba,
para oír aquel toque o aquel cante
de tanta nostalgia,
sin importarme de que rincón salía
ni quien era  para escucharle,
solo quería sentir todo
lo que llevaba en mi sangre.

 

El campo

En el campo me crié
rodeado entre naranjos,
andaba por sus tierras
con los pies descalzos,
para sentirme cómodo
pisando sus yerbajos,
andaba por los bosques
para oír el canto de los pájaros,
los trinos de las alondras
en los surcos de los arados,
que forman los trigales,
en su primera siembra,
cantaba al aire libre acapella,
los cantes que escuchaba,
en la gramola de mi casa
y así lo iba aprendiendo,
me sentaba a la orilla del rió
para contempla las nutrias
y decirles mis versos
creo que me escuchaban
Por su largo silencio.

La familia que más se ama

D. Francisco Ruiz Valero y
Dª Isabel Fuentes Figueredo,
nacidos en un bello pueblo
de Andalucía llamado Dalias
de la provincia de Almería,
se conocen desde niños
en su mismo pueblo de Dalias,
se unen en matrimonio
celebrando su ceremonia
en la iglesia del santo cristo de la luz,
recién casados viajan a Marruecos,
nada más terminada su conquista,
como territorio Español,
se establecen en esas tierras
haya por los años 1.930,
consiguen una porción de tierras,
y se construyen una casa
con una palmera en el porche
y un bonito jardín lleno de flores,
se establecen como agricultores,
donde allí nacen sus cinco hijos,
Isabel Ruiz Fuentes,
María, Francisco, José María
y Gabriel Antonio,
van creciendo días tras días
en un maravilloso pueblo
lleno de grandes blancuras
que baña el mar mediterráneo
un rió que baja de sus montañas
desembocando en su playa
sus campos llenos de malezas
montañas llenas de caza y pesca,
Río Martín se llama mi pueblo,
actualmente como MARTIL
Pertenece a TETUÁN (Marruecos)
Allí vi la luz del día porque allí nací.

Autor: José Maria Ruiz Fuentes

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El Arte de Vivir el Flamenco © 2003