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¿Su 'Alma compartida' responde a la máxima de pensar despacio
para andar deprisa?
Sí. Yo creo que los guitarristas, sobre todo en el flamenco,
cuando nos vemos tras mucho tiempo con las alforjas colmadas de música y de
experiencia flamenca estamos abocados a realizar un análisis sobre qué hacemos y
qué debemos hacer. Desde este punto de vista, me encuentro que el flamenco fue
constituido por nuestros mayores. Una soleá no puede ser de otra manera, igual
que la bulería o la taranta, que no sólo no puede cambiarse la estructura, ni
siquiera la tonalidad en la que se hace, que tiene que ser en fa sostenido. Es
decir, el flamenco lo fijaron los guitarristas del pasado y eso conlleva unas
características. En un mundo donde se camina con tanta velocidad, en el flamenco
tenemos los patrones determinados desde principios del siglo XX.
¿Qué pasa entonces con el futuro de la guitarra flamenca?
Es difícil. Para ser vanguardia hay que caminar con nuevos
patrones pero sin dejar de ser. Claro, es muy difícil. La prueba es que muchos
guitarristas destacados han tomado como referencia el jazz o la música caribeña.
Esto demuestra que, según estos compañeros, la guitarra flamenca está
desgastada. ¿Pero el futuro está en tomar referencia de otras músicas para
llevarla a la guitarra flamenca? Esta pregunta hay que hacérsela.
¿Es el camino más fácil?
Claro. Cada cultura es lo que es porque se ajusta a un
comportamiento y unas razones históricas. Yo he profundizado, llevo muchos años
habitando en el flamenco como un monje y en esta dedicación he podido
desarrollar cosas interesantes. Mi obra más vanguardista, donde la mayoría de
los flamencos ni entran, está basada en un sistema que he organizado a partir
del referente más antiguo del flamenco, los modos griegos. Ahí está la cadencia
andaluza. Me he basado en los modos griegos para organizar un mundo que siga
sonando flamenco pero que aporta una serie de valores musicales. Pero muchos
guitarristas encuentran esto demasiado moderno.
¿Cómo debe situarse un músico ante la tradición?
Hay que situarse con honestidad ante uno mismo en primer
lugar. Si uno se siente enlazado con su pueblo y su cultura hay que implicarse.
Pero también se puede estar en música pensando en uno mismo, que ya podría ser
suficiente. Yo me siento ligado a mi cultura, me siento responsabilizado.
Después de 50 años de profesión, y aunque me cueste trabajo decirlo, tras tener
muchos éxitos, ahora menos que nunca me interesa el éxito facilón. Ahora quiero
aportar al crecimiento de la guitarra flamenca.
¿El término guitarrista, en su caso, se queda demasiado
corto. Para algunos es, en su faceta de estudioso y compositor, casi como uno de
los herederos de Falla.
Podría ser así. En los tiempos de Falla la música sinfónica
caminaba. Hoy sólo tenemos que ver las programaciones y veremos que siempre son
los mismos, los que están fuera de los derechos de autor. Claro, los
programadores buscan no tener que pagar derechos de autor. Por esto, la mayoría
de conciertos son de autores del siglo XIX para atrás. Mi música sinfónica busca
relacionarse con el flamenco, más cercana a lo andaluz, pero mis intenciones
eran hacer música sinfónica para el flamenco. Pero hay que dedicar una vida a
esto. He estudiado el lenguaje musical para conocer los cánones. He hecho la
carrera de música para componer para orquesta y creo que soy el único
guitarrista de la historia que escribe y compone obra sinfónica.
¿Tanto su hermano Isidro Muñoz como usted, a decir de los
artistas, son unos perfeccionistas incorregibles. ¿Es el sello familiar?
Creo que sí. Hay mucha imaginación. Hay una condición, la
búsqueda de un lenguaje desde nuestra cultura, pero con nuevas palabras. Mi
hermano, a la hora de producir, no perdona los valores esenciales. Tienen que
estar ahí aunque la grabación dure dos años.
¿Cuándo un tocaor puede dar el paso a ser concertista?
Un tocaor es el que tiene un gran nivel pero que no
representa la vanguardia. Ojalá hubiera más guitarristas así, como Manolo
Franco, que no busca una vanguardia muy forzada pero que construye muy bien su
música. Es un ejemplo de lo que debe ser un tocaor. La gente como yo, que
buscamos otras cosas, nos atrevemos con conceptos que no están en la tradición.
Para que yo o Paco de Lucía podamos seguir buscando, la tradición debe estar
protegida por gente como Manolo Franco.
¿En el santuario de los grandes están usted y Paco de Lucía
sin discusión. Sin embargo, en el olimpo de los maestros de guitarra, en cuanto
al didacticismo, muchos le señalan a usted como el número uno indiscutible.
Eso es ya la condición de cada uno. Yo respondo a mis
inquietudes. Había una gran demanda de gente para aprender guitarra flamenca y
eso me llenaba de satisfacción. Desde 1970, cuando comienzo con los cursos
internacionales en Francia, he estado cada año haciendo un curso internacional.
No es suficiente, pero si me dedico más a la enseñanza no puedo atender mi mundo
de composición. |