MANUEL SERRAPI SÁNCHEZ, guitarrista conocido mundialmente en el arte de la guitarra con el nombre artístico del NIÑO DE RICARDO, nació en Sevilla en el año de 1904, y murió en Sevilla en 1972, su profesión guitarrista, aprendió lo mejor de los tres guitarristas más destacados de su época que le habían precedido: Ramón Montoya, Javier Molina y Manolo de Huelva. Aprendió de ellos como maestros que eran y como maestro, los superó. Se quedó con lo que podía enriquecerle, y lo imprimió a su sello personal. El Niño Ricardo crear su propio estilo. Tenía por entonces cuarenta años, poseía una base muy sólida y estaba interiormente maduro. De Javier Molina aprendió mucho para el acompañamiento. De Ramón Montoya sus armonías, arpegios y dulzura, pero luego dio más relieve a sus falsetas. De Manolo de Huelva tomó el ritmo, la gracia y ese aire tan especial, sobre todo, por bulerías. Probablemente es la influencia de Montoya la más influyente en el toque del Niño Ricardo.
El Niño Ricardo es
precisamente la guitarra clásica del flamenco y la guitarra evolutiva de la
época moderna. Precisamente el Niño Ricardo es uno de los maestros más copiados
por sus seguidores alumnos de la guitarra flamenca actual. A sido el guitarrista
más solicitado por todos los grandes cantaores, amoldándose para todos los
gustos y formas. Intervino en películas. El tiempo ha pasado y el Niño Ricardo
no ha perdido ese enorme prestigio. A fin de cuentas él valoraba su arte, el de
la guitarra, más que ninguna otra cosa. En una ocasión dijo,
Aportaciones más de
fondo que de forma. De sentimiento, de concepto, de jondura. Niño Ricardo no fue
un virtuoso preocupado por añadir dificultades técnicas a la interpretación,
aunque la técnica no tuviera secretos para él. Lo que le importaba, sobre todo,
era dar al toque la dimensión justa, la intensidad precisa para el logro de ese
mágico punto de equilibrio que puede llevar a la perfección. La guitarra y el
cante tienen que sostener un dialogo decía. Ni el cante debe acallar la guitarra
ni esta salirse al paso al cante.
Acompañando a los
grandes del baile y del cante de este siglos Niño Ricardo ha sido testigo
privilegiado del mejor arte flamenco que en él se produjo. La de los Peines y el
Pinto, Torre, el Gloria, Escacena. Cuantos pudieron sentarse al lado de Ricardo
para cantar con su guitarra, tuvieron la sensación de que difícilmente iban a
poder encontrar otro que entendiera mejor cómo ellos querían cantar y qué
acompañamiento deseaban, Niño Ricardo tuvo siempre una rara intuición para
lograr esa ideal compenetración.
Magistral fue
también Niño Ricardo como concertista. Su guitarra sola, que hoy se nos antoja
clásica pero que en su tiempo pareció influida por
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