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Paul Newman muere a los 83 años
El actor y director estadounidense, ganador de tres Oscar, trabajó en casi 60 películas y dirigió seis largometrajes · Padecía una grave enfermedad pulmonar
El actor Paul Newman, protagonista de películas inolvidables como Dos hombres y un destino y El color del dinero, ha muerto este sábado como consecuencia de un cáncer de pulmón a los 83 años de edad, según informó Newman's Own Foundation. Se fue esa irresistible sonrisa, ese brillo único en los ojos azules y ese pelo tan perfectamente despeinado. Mientras Hollywood llora a Paul Newman, al igual que sus fans en todo el mundo, queda claro que fue no sólo una estrella, sino una persona modelo, siempre cortés, leal e inteligente sin tintes de malcriado o veleidoso. Casado con la misma mujer durante más de 50 años ("¿Por qué ir a buscar una hamburguesa cuando tienes una chuleta en casa?", afirmó cierta vez), y protagonista de numerosos films de culto, Newman vivió durante décadas en la pequeña ciudad de Westport (Connecticut), y su carrera jamás se vio enturbiada por ningún escándalo. Por el contrario, los únicos titulares que la prensa rosa le dedicó fueron por su filantropía. El actor donó para fines benéficos todos los beneficios después de impuestos de la compañía alimenticia que fundó en 1982. El total de las contribuciones de la línea de aderezos de ensaladas, chips y salsas de Newman llegó a más de 220 millones de dólares, y donó además millones de su fortuna personal.
Un mito del cine
Nacido en una familia formada por un próspero padre judío y una madre húngara católica el 26 de enero de 1925 en Shaker Heights, Newman fue apoyado desde joven en sus ambiciones actorales y debutó con 7 años en una obra escolar. Sirvió como artillero de cola en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial y luego estudió actuación en la Universidad de Yale. Siguió preparándose con estudios en el aclamado Actors Studio de N
ueva York, y el magnetismo de su personalidad lo inundaba todo apenas aparecía en la pantalla. Fue uno de los pocos actores capaces de sobrevivir a la transición del cine naif de los años 50 al realismo de los 60 y 70. Su primer papel importante fue como el boxeador Rocky Graziano en Marcado por el odio (1956), seguido por su dúo con Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinq en 1958, papel por el que fue nominado a un Oscar. En 1960 encarnó a un pionero sionista en Éxodo, y luego a un joven jugador de billar en El buscavidas, un cowboy sin corazón en Hud y un adorable pero rebelde prisionero en La leyenda del indomable tres papeles estos últimos por los que también recibió una nominación al Oscar. Pero su interpretación más famosa le llegó junto a Robert Redford en Dos hombres y un destino en 1969, película en la que los dos íconos de Hollywood encarnan a dos bandidos legendarios. Ambos repitieron juntos en 1973, con El golpe. Volvió a ser nominado al Oscar en 1981 por encarnar al hijo de un gánster acusado falsamente en Ausencia de malicia, pero tuvo que esperar hasta 1986 para llevarse finalmente una estatuilla dorada con su papel de Fast Eddie -de El buscavidas- en la remake El color del dinero, de Martin Scorsese. Su última aparición cinematográfica fue en 2002, en la película de Sam Mendes Camino a la Perdición, por la que estubo nominado a los Oscars el mejor actor secundario. Luego dobló a uno de los coches de la película de dibujos animados Cars.
Su otra gran pasión: los coches
Al margen de las películas, la filantropía y la familia, las otras grandes pasiones de Newman fueron las causas liberales y las carreras de coches, que según afirmaba eran "la única cosa" en la que creía tener talento. Sus fans no estarían de acuerdo. Pero el talento de Newman para la actuación era tan natural que nunca fue del todo consciente de su enorme don. Atribuía su enorme éxito a una serie de sencillas reglas: "Estudia tus fuerzas y conoce quién eres y qué tienes de especial", dijo cierta vez. Y añadió: "Descubre qué hace cada uno en un set de filmación, pregunta y escucha. Asegúrate de vivir la vida, lo que significa no hacer cosas para conseguir celebridad, y devuelve algo positivo a nuestra sociedad". Martin Scorsese.
EUROPA PRESS, NUEVA YORK | Actualizado 27.09.2008. Foto (1) Newman, en el papel del mafioso John Rooney, su última aparición en el cine en la 'Camino a la Perdición' / 20 Century Fox. Foto (2) Paul Newman junto a Robert Redford en 'Dos hombres y un destino'. / Reuters. Foto (3) Junto a Elisabeth Taylor en 'La gata sobre el tejado de Zinq'. / Reuters

Un tesoro manuscrito de Mozart, oculto durante siglos
Hallada en Nantes una partitura inédita del músico
La historia del último e inesperado añadido a la obra mozartiana comienza en 1787. Y termina esta semana en Nantes (Francia). Wolfgang Amadeus Mozart escribió el esbozo de una misa en Re menor y una breve sonata. Luego, por razones desconocidas, estas partituras llegaron a manos de Pierre-Antoine Lebouchère, coleccionista local que logró acumular más de 3.000 documentos autógrafos. Lebouchère era pintor. Nació en 1806. Y una vez pasado el huracán destructor y renovador de la Revolución, él fue de los que quisieron conservar. A mediados del siglo XIX, su colección pasó a manos de los archivos municipales de Nantes. Y éstos guardaron como una mera copia el documento recién descubierto. Hace un año, se desplazó a Nantes Ulrich Leisinger, responsable del departamento de musicología del Mozartmuseum de Salzburgo, que autentificó las partituras -y dos cartas-. En efecto, era la mano de Mozart la que había escrito ese esbozo de una misa en Re menor y esa breve sonata. Desde el Ayuntamiento de Nantes moderan por precaución el entusiasmo del hallazgo. "Sólo es un experto el que ha avalado los documentos. Hay que proseguir los análisis" dice Jean-Louis Jossic, concejal de Cultura. La partitura es una hoja amarillenta de 16 por 29 centímetros, el rastro modesto de un gran talento que ha permanecido perdido y mudo durante más de 200 años a pesar de que, en el siglo XIX, un funcionario clasificó el material como obra de un tal W. A. Mozart. Para la directora de la mediateca de Nantes, Agnès Marcetteau, la partitura es "sólo un esbozo, un mero fragmento", aunque admite su gran interés por el hecho de que, de las 626 obras atribuidas a Mozart, apenas en un centenar de casos se conserva la partitura autógrafa original y eso confiere "un gran valor" al manuscrito. Para ella la sonata podría ser también la música que acompañaría el canto del Kyrie. El Ayuntamiento desea estrenar los dos temas mozartianos la próxima primavera.
OCTAVI MARTÍ - París - 20/09/2008

Larga vida para Salud
Falla destiló al límite los rasgos esenciales de la música popular andaluza
A sus veintiún años, Manuel de Falla siente que se le queda pequeña su Cádiz natal y comienza a viajar de forma cada vez más asidua a Madrid, donde acabará radicándose, con el resto de su familia, desde 1899. Consolida de forma brillante su formación pianística de la mano de José Tragó, consigue el premio extraordinario de piano y estrena sus primeras composiciones para el teclado. Un encuentro trascendental sobrevendrá en 1901, cuando conoce a Felipe Pedrell e inicia con él estudios de composición durante tres años. Pedrell juega un papel esencial en la evolución artística de Manuel, haciéndole evolucionar desde el lenguaje postromántico hasta el de un nacionalismo no pintoresquista, sino basado en el conocimiento de la tradición musical española y en el folclore real. La primera ocasión en la que Falla puso en práctica de forma integral las enseñanzas de Pedrell vino de la mano del concurso convocado el 5 de julio de 1904 por la Real Academia de San Fernando para la composición de una ópera española en un acto. Su amigo y paisano Carlos Fernández Shaw escribió un libreto ambientado en Granada y que desarrolla, de forma sucinta, el conflicto amoroso entre la gitana Salud y Paco, un señorito bien que acaba por casarse con una joven "de su clase y de su casta". En plena fiesta de boda, Salud cae fulminada tras recriminarle a Paco su conducta. A pesar de que en las bases del concurso -que La vida breve ganó- se recogía su estreno en Madrid, la verdad es que Falla tendría que esperar hasta el 1 de abril de 1913 para verla representada y tuvo que ser en Niza. De ahí pasó a París y sólo en 1914 se representó en Madrid. Escrita antes de su trascendental estancia en París (1907-1914), la partitura de La vida breve muestra que Falla ya estaba en Madrid al día de las corrientes estéticas francesas. Se pueden escuchar claros ecos de la música Paul Dukas en la introducción orquestal y, en general, la orquestación tiene un claro sabor francés. Por otra parte, Falla se aleja voluntariamente del lenguaje de la zarzuela (género que había cultivado en Madrid como forma de subsistencia y de darse a conocer) y modela su escritura vocal sobre la horma del lenguaje verista. El aria de Salud (Vivan los que ríen) y el apasionado dúo con Paco son los mejores ejemplos de esta herencia operística. Con todo, lo que le da a esta ópera un aire inconfundible y lo que la dota de tintes de genialidad es la perfecta imbricación de la modernidad musical (Impresionismo francés y Verismo italiano) con un discurso musical personal que deriva de la destilación última de los rasgos esenciales de la música popular andaluza. Cadencias andaluzas, acordes aumentados, progresiones armónicas, síncopas y cambios de ritmo son manejados por Falla de forma magistral. Salvo en la escena de la fiesta, no encontraremos citas literales del flamenco, sino más bien eso que Falla llamó el folclore imaginario, la esencialización y reelaboración de las pautas fundamentales de la tradición heredada y volcada sobre un lenguaje contemporáneo. Es lo que hace de La vida breve algo tan familiar y tan refinado al mismo tiempo, tan particular y tan universal.
Andrés Moreno Mengíbar / SEVILLA | Actualizado 11.09.2008

Un libro vincula el flamenco y las minas en el siglo XIX en Linares
La doctora malagueña Díaz Olaya refleja el desarrollo del flamenco en la zona a través del mestizaje cultural La ciudad fue un importante foco cultural gracias a la explotación minera
La editorial Signatura publica 'Minería, flamenco y cafés cantantes en Linares (1868-1918)', de la doctora de la Universidad de Málaga Ana María Díaz Olaya, un elaborado estudio sobre cómo el origen y el desarrollo del cante y el baile flamenco estuvieron ligados en aquella época -finales del siglo XIX y principios del XX- a la proliferación en la citada comarca jiennense de los denominados cafés cantantes, locales conocidos por el mestizaje social y cultural que se dio en el seno de una ciudad de histórica tradición minera.  La autora explicó en declaraciones a Europa Press que en el libro retrata la Linares de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se convirtió en una de las principales ciudades en importancia tanto de España como del Viejo Continente como consecuencia de la explotación, «por parte fundamentalmente de los ingleses», de los enclaves mineros -unos 500- que se concentraron en la localidad.
Cafés cantante
«Me centro en esta época de esplendor y riqueza para ofrecer una panorámica de la vida cultural que existía en ella», destacó la escritora, subrayando al tiempo que su principal reclamo son los cafés cantantes que proliferaron en la época, locales de reunión y encuentro de las diferentes culturas y clases sociales en los que germinó el flamenco como resultado de la fusión y el mestizaje. Concretó que su búsqueda se centró en averiguar el número exacto de cafés cantantes que se abrieron en esos años en la ciudad, unos 17 en total, con los que Linares superaba «sorprendentemente» en este aspecto a otras ciudades de mayores dimensiones e importancia. Tal fue la relevancia cultural que adquirieron estos escenarios que no sólo fueron punto de encuentro tanto para el minero local como para el señorito inglés, sino también «lugar de paso» para todos aquellos artistas de renombre que, procediendo de Sevilla, Cádiz o Jerez de la Frontera -otros focos de gran relieve en el desarrollo del flamenco-, tenían como último destino Madrid y como escala hacia la capital de España la ciudad de Linares.
Mestizaje cultural
En este sentido, Díaz Olaya destacó que llegaban a la comarca jiennense «artistas de todo el mundo» de Europa y América, si bien precisó que los inmigrantes procedían preferentemente de Inglaterra, Alemania y Francia. Del país británico recalaban, en concreto, los ingenieros de las minas, pero también pastores que en una España católica, en crisis y dedicada económicamente al ejercicio casi en excluso de la agricultura, «difundieron el protestantismo, lo que provocó un choque tremendo de culturas y religiones». En ese marco histórico, «la creciente proliferación de los cafés cantantes fue clave para el nacimiento del flamenco tal y como se entiende en la actualidad», aunque como puede comprenderse, y a juicio de la autora, «aún lejos de la evolución que ha experimentado desde entonces, siempre gracias al mestizaje, tanto del baile gitano más puro como de la cultura andaluza e incluso de las influencias bizantinas».
IRENE TÉLLEZ.  Cultura-Jaen, 10 septiembre 2008

Manuel de Falla esencial
Manuel de Falla es, sin lugar a dudas, el más internacional de los compositores españoles.
Nuestra colección le dedicó ya un disco a su breve pero exquisito repertorio pianístico y ahora ofrece algunas de sus obras más célebres, esas que han extendido su fama por el mundo, que no son muchas. El catálogo del compositor gaditano es muy reducido, si bien todo resulta esencial, ya que era un perfeccionista que siempre destacó por la finura y el detallismo del mejor orfebre. La historia de la gestación de El amor brujo es larga y compleja. En 1915 el compositor había creado una pantomima con ese título para Pastora Imperio, pero tras el sonado éxito en 1919 de la conversión de la farsa El corregidor y la molinera en el ballet El sombrero de tres picos, Falla decidió realizar una operación similar con aquella gitanería, sobre la que ya había preparado algunos arreglos sinfónicos. El ballet resultante, más conciso y depurado que el original, se estrenaría en París en mayo de 1925. Aunque la obra incluía una voz femenina, el compositor autorizó una especie de suite sinfónica, con algunos números suprimidos y otros discretamente reelaborados. Esa versión, que se interpreta casi tanto como la original, es la que recoge nuestro disco, que la ofrece en una interpretación de uno de los mejores conocedores del mundo de Falla, el coruñés Luis Izquierdo, aquí al frente de la Sinfónica de RTVE. La misma orquesta, ahora conducida por Enrique García Asensio y con el concurso de la gran y prematuramente desaparecida pianista barcelonesa Rosa Sabater, ofrece otra de las piezas más interpretadas del gaditano, las Noches en los Jardines de España, un hermosísimo tríptico para piano y orquesta estrenado en marzo de 1916, en el que se combina la vocación andalucista con la atmósfera de la música francesa, de la que Falla se había impregnado durante su crucial y larga estancia parisina (1907-1914). El CD se completa con una pequeña joya del catálogo falliano, Psyché, una pieza escrita para voz de soprano sobre un poema de Jean Aubry que se estrenó en Barcelona en 1925. El tempo prescrito -andante molto tranquilo e sostenuto-, el delicado acompañamiento, previsto para arpa, flauta, violín, viola y violonchelo, y el sutil y refinadísimo lirismo de la línea melódica crean en el oyente una auténtica sensación de tiempo suspendido. Poco interpretada, acaso por su poco común instrumentación, es la voz de María José Montiel, con solistas de la Orquesta de RTVE dirigidos por Ángel Gil Ordóñez, que la recrea en este disco.
Pablo J. Vayón | Actualizado 30.08.2008. En la imagen, retrato del compositor Manuel de Falla, en su residencia de Alta Gracia en Argentina, donde emigró en 1939. Nació en Granada el 23 de noviembre de 1876 y creó diferentes obras musicales, todas con marcada influencia de folklore español. EFE  - EFE

Música. Definitivo Nat KingCole 
Se edita la exhaustiva biografía que Daniel Mark Epstein dedica al intérprete de canciones inmortales como «Mona Lisa» y «Quizás, quizás, quizás»
La música de Nathaniel Adams Coles, Nat King Cole para la historia, sigue tan vigente aún como en 1965, año en el que el músico murió. Niño prodigio del jazz, amigo de Sinatra o John F. Kennedy, su vida no fue fácil, como se puede apreciar en la exhaustiva biografía que el escritor Daniel Mark Epstein le ha dedicado en «Nat King Cole. La voz inolvidable» (Global Rhythm). Gracias a la consulta de archivos y entrevistas con familiares y amigos de Cole, pero sin la intención de narrar la vida de un santo o de un villano -algo que no fue-, Epstein logra recrear los capítulos más interesantes de una carrera que comienza a dar sus primeros pasos en los ambientes del jazz. Hijo de un carnicero y ministro de una iglesia baptista, el pequeño Nathaniel fue un niño «tímido y reflexivo; hablaba con dificultad, tartamudeando, ceceante. Y, sin embargo, cuanto decía muchas veces resultaba sorprendente». Los locales jazzísticos en el Chicago de Al Capone fueron los primeros en abrir las puertas a una carrera imparable, estimulada por la presencia en la ciudad de los grandes como Duke Ellington y Louis Armstrong, este último vecino de la familia Coles. Un melenudo ermitaño  El libro también es una biografía de alguno de los temas que hicieron famoso a quien primero fue un admirado pianista de jazz. La primera de esas canciones fue «Nature boy», que ha llegado a conocer hasta una versión interpretada por Bowie. Su autor era un melenudo, como lo llama Epstein, Eden Ahbez, un ermitaño que dormía en un saco de dormir con su mujer en las colinas de Hollywood. La pieza, inspirada en pasajes de la Biblia, se convirtió en un fenómeno en 1948 cuando vio la luz en forma de disco. Casado en dos ocasiones, fumador empedernido -lo que le llevaría a la tumba con 45 años-, conoció las mieles de la fama al cantar «Mona Lisa» en la gala inaugural de la presidencia Kennedy en 1961. Es la misma época en la que también tuvo como espectadora a la reina de Inglaterra o a la princesa Gracia de Mónaco. Sin embargo, no todos los teatros se le abren y el color de la piel es motivo para que le cancelen actuaciones, una constante en su carrera. Por ejemplo, en 1960, el Masonic Auditorium de San Francisco optó por el no a Nat porque, como explicó su gerente, «nosotros no hacemos asunción [sic] del color de su piel. Simplemente, no queremos en el auditorio a la clase de gente que Cole atrae». Ironías del destino el vocalista, según su agente, era masón por el trigésimo segundo grado. Cuando murió de cáncer de pulmón, en 1965, el funeral de Cole reunió lo mejor de la vida cultural de Estados Unidos, desde Robert Kennedy a Count Basie. Epstein lo narra con mano maestra.
La Razón,  Víctor Fernández - Barcelona

Manuel Galiana leerá tres poemas inéditos de Celaya sobre Lorca
Alfacar celebra el día 17 de agosto el 72 aniversario del fusilamiento del poeta granadino en un acto que también recuerda a las víctimas de la Guerra Civil
En el 72 aniversario del fusilamiento de Federico García Lorca, que se celebra en Alfacar, se quiere recordar, no sólo al poeta granadino, sino también a todas las víctimas de la Guerra Civil Española. El acto comenzará el 17 de agosto a las 21.30 horas con una ofrenda floral en el monolito instalado en memoria del poeta de Fuente Vaqueros. A continuación y a partir de las 22.00 horas, el músico malagueño José Luis Zafra ofrecerá un concierto de piano con piezas inspiradas en el Romancero Gitano. Dentro de estos actos de celebración del aniversario de la muerte del autor de Bodas de sangre, destaca la lectura de tres poemas inéditos de Gabriel García Celaya sobre Federico García Lorca, a manos de uno de los actores televisivos del momento, Manuel Galiana, que sustituirá a Emilio Gutiérez Caba que, por problemas médicos no, va a poder asistir al acto. Antonio Chicharro Chamorro, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, es el responsable del descubrimiento de los tres poemas inéditos del poeta vasco Gabriel Celaya, mientras consultaba los fondos documentales depositados por el poeta en el Koldo Mitxelena Kulturunea de San Sebastián. En ellos Celaya se refiere al fusilamiento de su amigo y compañero Federico García Lorca. El primero de los poemas, Elegía del muerto juvenil, está fechado en Zaragoza el 19 de diciembre de 1938. El poema forma parte de un conjunto de textos poéticos inéditos, escritos entre 1936 y 1944 y agrupados bajo el título Canciones en el aire. En sus versos el poeta expresa su elegía por "la joven vida truncada, por la sonrisa rota, por el esperanzado y cotidiano renacer a que estaba abocado y ya quebrado para siempre", según describe el profesor Antonio Chicharro Chamorro. Gabriel Celaya, sin embargo, dejó sin titular el segundo poema recuperado, pero su último verso da lugar al nombre de la publicación que recoge los tres poemas: En un lugar cualquiera, un día que no nombro, y está fechado en San Sebastián el día 3 de julio de 1947. En esta ocasión, Gabriel Celaya desgrana los recuerdos de su amigo, los rasgos de su personalidad y sus grandes cualidades. En el tercer poema inédito se titula Memoria a Federico y fue escrito en el mes de agosto de 1949. En esta ocasión Celaya se sirve intertextualemente del romance lorquiano Muerte de don Antoñito el Camborio, que forma parte del Romancero Gitano. Es en este último poema en el que el Celaya deja ver su rabia e indignación orientada hacia la Guerra Civil. Para Antonio Chicharro, los poemas podría ser un homenaje privado y personal a su amigo, a la vez que una protesta poética. "Suponen el cultivo de la memoria histórica y un reconocimiento de la amistad de dos grandes poetas que, cada uno, pusieron lo mejor de sí mismo para promover una cultura literaria", afirma el profesor Chicharro Chamorro.
Leticia Pérez / GranadA | Actualizado 13.08.2008

Paul Newman pide a su familia que le dejen morir en casa 
Tras terminar su tratamiento de quimioterapia, las noticias para el mítico actor Paul Newman no son muy esperanzadoras, ya que, según una fuente cercana a la estrella, los médicos le han dado como esperanza de vida apenas unas semanas. Ante esta situación, el protagonista de «Harry e hijo», película de la que fue actor, director y guinista, ha pedido a su familia que le dejen morir en casa para poder estar rodeado de sus recuerdos y de sus seres queridos en un momento tan difícil.   A sus 83 años, Newman ve cómo su vida se acerca a su final, después de que un cáncer de pulmón le ganara la batalla. Y para cuando llegue ese momento, en unas semanas según los médicos, el intérprete quiere que todo sea en la intimidad y no en la fría habitación de un hospital. Así, hace unos días salía acompañado de su mujer y sus hijos del «Weill Cornell Medical Centre» en Nueva York, en donde permanecía ingresado, visiblemente flaco y frágil y en silla de ruedas. «Paul no quería morir en el hospital y su mujer Joanne y sus hijas están a su lado», señaló una fuente al periódico británico «Daily Mail», en una información recogida por otr/press. Según esta misma fuente, Newman creyó que éste era el mejor momento de regresar a su   hogar, después de haber organizado todos sus asuntos antes de morir. Precisamente, se ha hablado mucho sobre cuáles serían las últimas voluntades del oscarizado actor, ya que se dijo que hubo tensión entre sus hijas en torno a la herencia de su gran fortuna. Además, se hizo público que Newman donó su Ferrari de competición con el número 82 a un viejo amigo, algo que no sentó bien a su prole. Sin embargo, el conquistador de los años 60 estuvo en todo momento arropado por todas ellas en su dura decisión de volver a casa en estos momentos y parece que su relación es cordial a pesar de los rumores. Newman se casó por segunda vez con su actual esposa antes de convertirse en una estrella, en 1958, con la que tuvo tres hijas (tiene otras dos de su primer matrimonio). A partir de entonces comenzó su andadura en la industria hollywoodiense, tras su gran éxito con la película «La gata sobre el tejado de Zinc», una trayectoria que culminaría en 1985 tras ganar el Oscar Honorífico, a pesar de que continuaría con su carrera unos cuantos años más. Fue el pasado mes de enero cuando comenzaron los rumores sobre su estado de salud, tras aparecer en los medios con un aspecto bastante demacrado, y aunque en un principio desmintió una posible enfermedad terminal, finalmente confirmó que padecía cáncer de pulmón.
Filmografía
Camino a la perdición (2002) actor. Mensaje en una botella (1999) actor. Al caer el sol (1998) actor. Donde esté el dinero (1998) actor. Ni un pelo de tonto (1994) actor. El gran salto (1994) actor. Esperando a Mr. Bridge (1990) actor. Creadores de sombra (1989) actor. El escándalo Blaze (1989) actor. El color del dinero (1986) actor. Harry e hijo (1984) actor, Director, Guionista. Veredicto final (1982) actor. Ausencia de malicia (1981) actor.Distrito apache (1980) actor. La caja oscura (1980) Director. Quinteto (1979) actor. El día del fin del mundo (1979) actor. El Castañazo (1977) actor.La última locura (1976) actor. Buffalo Bill (1976) actor. Con el agua al cuello (1975) actor. El coloso en llamas (1974) actor. El hombre de Mackintosh (1973) actor. El golpe (1973) actor. El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas (1972) Director. El juez de la horca (1972) actor. Los indeseables (1972) actor. Casta invencible (1971) actor, Director. Dos hombres y un destino (1969) actor. 500 millas (1969) actor. Raquel, Raquel (1968) Director. La leyenda del indomable (1967) actor. Un Hombre (1967) actor. Cortina rasgada (1966) actor. Harper. investigador privado (1966) actor. Lady L (1965) actor. El premio (1963) actor. Hud, el más salvaje entre mil (1963) actor. Samantha (1963) actor. Dulce pájaro de juventud (1962) actor. El vividor (1961) actor. Un día volveré (1961) actor. Éxodo (1960) actor. La gata sobre el tejado de zinc (1958) actor. El largo y cálido verano (1958) actor. Mujeres culpables (1957) actor. Marcado por el odio (1956) actor. El Cáliz de Plata (1954) actor
OTR/ Press - Los Ángeles

La vida errante de Luis Buñuel
Se cumplen 25 años de la muerte del gran cineasta español, cuya trayectoria vital recorrió todo el siglo XX
Amante de la buena vida y de los placeres burgueses y ,sin embargo, autor de algunas de las películas más provocadoras y revolucionarias de la historia del cine, Luis Buñuel, de cuya muerte se cumplen el martes 25 años, tuvo una intensa vida que recorrió el siglo XX. Éstos son los no santos lugares del cineasta. En México fue feliz. Vivió hasta su último suspiro en su casa mexicana
DE CALANDA A ZARAGOZA
Nació el 22 de febrero de 1900 en Calanda, provincia de Teruel. Un pueblo grande, de tierra fértil, sin dejar de ser polvorienta y seca, en el que la Edad Media se prolongó hasta los comienzos de la I Guerra Mundial. Era el pueblo de sus padres, el cuarentón Leonardo Buñuel, un indiano que se había enriquecido en Cuba, y la hermosa joven María Portolés, hija de un posadero. Se trasladaron a Zaragoza a los pocos meses aunque nunca dejaron de acudir a Calanda durante los largos veranos y en Semana Santa. Estancias que fijan algunas de sus obsesiones, que marcan su vida y no poca parte de su obra. "La vida se desarrollaba, horizontal y monótona, definitivamente ordenada y dirigida por las campanas de la iglesia". Así habla en sus memorias, Mi último suspiro (Plaza y Janés), feliz de haber tenido la suerte de pasar la niñez en la Edad Media, aquella añorada época "dolorosa y exquisita". Calanda es el pueblo de uno de los más excesivos de los milagros barrocos. El estruendo que todos los Viernes Santo provocan miles de tambores que no dejan de sonar hasta el día siguiente. El pueblo y sus habitantes permanecen atrapados por una especie de embriaguez, por una alucinación colectiva que todo lo convierte en ruido. Un sonido que siempre emocionó y acompañó a este "ateo gracias a Dios". En Calanda le pasaron muchas cosas en la libertad de los veraneos, entre la casa señorial del centro del pueblo, la Torre de las afueras, las escapadas al campo, el descubrimiento de los insectos -que ejercieron en su vida una mezcla de fascinación y repugnancia-, el encuentro con la pobreza, la presencia de la muerte, el despertar de la sexualidad, el sentimiento del pecado, la fe y la pérdida de la fe, la visión de los burros muertos, el olor del aceite, la sumisión de los campesinos, las limosnas, los pobres, la hora de la siesta y las primeras revistas eróticas donde llegaron a distinguir el nacimiento de un seno. El lugar donde todas esas experiencias fascinantes hacen de su infancia, de su adolescencia, el espacio central y primero de sus más duraderas obsesiones en la vida, en el cine. Sin esos recuerdos medievales del Bajo Aragón, Buñuel no habría sido quien fue. En Zaragoza, en una enorme casa del céntrico paseo de la Independencia, vivieron los Buñuel. Estudia como medio pensionista en el colegio de los jesuitas, algo que también imprime carácter, que nunca olvidan ni el hombre, ni el cineasta. Siempre recordó las misas, los rosarios, la disciplina, el latín, la vida de los santos, el silencio y el frío. En Zaragoza vio su primer concierto, asistió al teatro, corrió las primeras juergas, se desvirgó en uno de sus burdeles, perdió la fe y entró por primera vez a un cine.
MADRID, LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES Y LOS AMIGOS
Finalizado el bachillerato en el instituto de Zaragoza, después de haber sido expulsado de los jesuitas, sin vocación clara de estudios, sin pensar demasiado en su futuro, el joven Luis Buñuel llega a la Residencia de Estudiantes. Lugar central de su juventud, influencia mayor de su vida, azar necesario en sus relaciones y su futuro. "Mis recuerdos de aquella época son tan ricos y vívidos, que puedo asegurar sin temor a equivocarme, que, de no haber pasado por la Residencia, mi vida hubiera sido muy diferente". La suya y la de otros amigos tan universales y tan imprescindibles para entender qué es de nuestro cine, nuestra pintura, nuestro drama o nuestra poesía. Tres artistas, tres amigos, Lorca, Buñuel y Dalí. Y un cuarto amigo, necesario para el azar que les une y les separa, llamado Pepín Bello, que no hizo demasiado, pero supo sobrevivir a todos, que de todos guardó excelente memoria. Por aragoneses, por divertidos, por dispuestos al juego, el cachondeo y a las ocurrencias, Luis y Pepín se hacen íntimos amigos. Un surrealismo vital, recuerdos paralelos, ganas de juerga y cierta afición a la bebida les unen inmediatamente. Después vendría Federico. Y se sumaría el inquietante, caprichoso y genial Dalí. Todos residentes. Fuera, la ciudad y sus tentaciones. De las verbenas al jazz. De Valle-Inclán a Gómez de la Serna, de Wagner a las borracheras en Toledo. Después de coqueteos literarios, de ultraísmos, de acercamientos a la vida de los insectos, de hacer de forzudo con los amigos, de esconder a sus novias, de ser un buen amigo, de quedarse huérfano de padre y de engatusar a su madre, el joven se marcha a París, la capital de un mundo que todavía existía. La capital de la cultura, la bohemia y del arte. Un poco después ese centro se trasladaría a Nueva Cork  Volvió a Madrid en los años republicanos. Ya era un reconocido cineasta surrealista. No regresa como el cineasta iconoclasta. No, el recién casado Luis Buñuel, vuelve con su mujer y con su hijo muy pequeño, para ser el productor de populares películas de Filmófono. Buñuel se instala cómodamente en un piso cercano al parque del Retiro. Tiene una oficina en la moderna Gran Vía, un buen coche, muchos amigos y una joven amante. Nadie olvidaba que aquel productor tan eficaz, tan ordenado, era el mismo que había hecho dos de las películas más revolucionarias y provocadoras de la historia del cine, además de un documental de denuncia sobre la vida en la España profunda, Las Hurdes. No prescindía ni de los dry martinis en Chicote, ni de las buenas cenas con los mejores vinos en compañía de sus bebedores amigos. Buñuel era así. Aunque también era el ácrata provocador, el izquierdista imaginativo, el surrealista sin Bretón, el amigo de Giménez Caballero o de Alberti, de Bergamín o de Hinojosa. Buñuel, el que había deslumbrado a los surrealistas, el gran burlador, el vanguardista, era un ser humano que había aprendido a vivir cómodo entre sus contradicciones. El revolucionario y el burgués. El ilustrado y el hombre de acción. Buñuel en Madrid que resiste a los fascistas. Buñuel amante de las armas y desarmado en una ciudad donde todo el mundo estaba armado. Matan a Federico. Piensa en irse, en salir, defender a la República, sí, pero no sufrir los desmanes de la guerra. Su mujer, su pequeño hijo, están desde hace meses en París. "Veía un viejo sueño realizado ante mis ojos, y no encontraba en él más que una cierta tristeza". Buñuel, escapando de la guerra, en un tren en dirección a Ginebra. Buñuel otra vez destinado a París. Adiós, Madrid.
PARÍS, DOS TIEMPOS, DOS ORILLAS
Vuelve a los orígenes. Pasa sus primeros días parisinos, en 1925, en el lugar donde piensa que fue engendrado. Se hace amigo de los exiliados, los refugiados y de los artistas españoles en París. Los felices veinte, la bohemia y los compañeros metecos. En París y soportando los monólogos de Unamuno. Tertulias de La Rotonde, con el franco devaluado y el champán barato. Escuchando jazz en el Mac-Mahon, frecuentando bailes del Chateau Madrid y conociendo a Jeanne Rucar, una rubia atlética, deportista, amante del piano y empleada en una librería. Hermosa mujer, a la que James Joyce tiraría los tejos, y con la que Buñuel se casó después de hacer que tirara al Sena una pequeña cruz que llevaba en el cuello. La mujer de toda su vida, la madre de sus hijos. Una buñuelesca historia de amor. Y Buñuel llegó al cine. Trabajó como director de escena en el montaje teatral de El retablo de maese Pedro, de Falla, gracias a su amigo el pintor Ricardo Viñes. Se conmovió cuando se encontró con el cine de Fritz Lang. Algo se iluminó en su vida, algo que descubrió en aquellas películas marcó su destino. Trabajó con Jean Epstein, dejó plantado a Abel Gance, se acercó a los surrealistas, hizo papeles de actor. Y vivió de cerca e impresionado las manifestaciones de protesta por los asesinatos de Sacco y Vanzetti. Una efervescencia, una toma de las calles que recordaría muchos años después cuando tuvo que suspender un rodaje por los sucesos de Mayo del 68. Buñuel, el revolucionario tranquilo, el burgués anarquista, siempre se escapa cuando las masas toman las calles. Quiere hacer una película. Y en compañía de Dalí fue encontrando un argumento a partir de todas aquellas ocurrencias, sueños, visiones y elucubraciones que aquellos imaginativos "irracionales" hacían surgir de sus imaginaciones desatadas. Así surgió Un perro andaluz. La película se mantuvo ocho meses en el histórico Studio 28. Pasado el éxito había que seguir rodando. El surrealismo era la vía, la forma y la manera más adecuada de decir algo. Quiso hacer partícipe a Dalí, ya había aparecido Gala y todo era más complicado, aunque firmada por los dos, La edad de oro es casi exclusivamente buñuelesca. Veinte minutos de libertad y provocación. La película se estrenó y, después de una semana de éxito, los grupos fascistas atacaron el cine, rompieron cuadros, mobiliario, lanzaron bombas y consiguieron la prohibición de la película. Se pudo ver de manera casi clandestina hasta ser "rescatada legalmente" en los años ochenta. Buñuel siempre ha sido un mito parisiense. Y una realidad. Siempre regresó a la ciudad donde comenzó su cine. A Buñuel en París lo quieren desde Jeanne Moreau hasta el penúltimo camarero de La Coupole.
MÉXICO PASANDO POR NUEVA YORK
Conoció en los años treinta Estados Unidos y sufrió la ley seca. Nunca bebió tanto. Por allí donde paró siempre encontraba el amigo y el lugar para hacer ley mojada lo que llamaron seca. Recordó siempre algunos de aquellos famosos speak easy en los que llamabas a la puerta y te abrían a un mundo sin tantas hipocresías. Le encantó Nueva York, se hubiera quedado si su "no amigo" Dalí no se hubiera ido de la lengua. No se hubiera enfangado entre la delación y la autopromoción. En Nueva York, trabajó en el MOMA, mantuvo amigos como Calder y hasta pensó montar un negocio con su amigo Juan Negrín, el hijo del que fuera presidente de la República. El negocio, en el que participaba la actriz Rosita Díaz, tan admirada por Negrín padre y casada con el hijo, era un bar. No cualquier bar, sino el más escandalosamente caro bar del mundo. Se llamaría El Cañonazo. Vivió bien en Nueva York. Allí nació Rafael, el segundo de sus hijos. El primero, Juan Luis, lo había hecho en París. Se adaptó a su trabajo en el MOMA, volvió a montar las películas de Leni Riefenstal para demostrar su poder como propaganda a un proyecto que financiaba Rockefeller y seleccionaba películas de propaganda antinazis. Tenía amigos surrealistas que estaban allí huyendo de la guerra y a un nutrido grupo de republicanos españoles. Entonces comenzó la caza de los comunistas. Estaba terminando la segunda Guerra y ahora los rojos eran sospechosos, poco demócratas. Tuvo que dejar su trabajo, su cómoda vida, una vez más. Uno de los últimos lugares en donde hubiera deseado vivir era la llamada América Latina. Y sin embargo fue en México DF la ciudad donde más tiempo residió. Desde el año 46 hasta su muerte, hace ahora 25 años. Viajó por Francia, Estados Unidos, España, pero nunca abandonó su residencia mexicana. Tierra de exilio donde se encontró con muchos amigos de los años republicanos, donde hizo nuevas amistades y se reinventó como cineasta. Llevaba muchos años sin estar detrás de la cámara. Tenía una familia, necesitaba vivir de su trabajo. Aceptó películas que no le interesaban, actores que no le importaban y argumentos que no eran suyos. Comenzó con una película, Gran casino con Jorge Negrete, auténtico ídolo de un México que no era el suyo. Fue un fracaso. Tuvo que esperar dos años para rodar su siguiente película. Mientras tanto seguía viviendo con 46 años del dinero de su madre. Preocupado, entretenía sus ocios en el café y de vez en cuando se escapaba a un hotel en Michoacán, San José Purúa, donde escribió muchos de sus guiones. Lo mismo que en España solía hacer en el hotel del monasterio de El Paular. Los dos tenían un tranquilo y bien surtido bar. A Buñuel no se le puede entender sin lo que bebió, ni sin lo que fumó. Le gustaba el vino. Siempre en casa o en comidas, nunca en el bar. Para los bares las bebidas. El dry martini y el buñueloni, un plagio del Negroni, cambiando el Cinzano dulce por Carpano. Y llegó el momento de poder hacer su cine más personal. Recorrió las ciudades perdidas, las zonas marginales que rodean México DF, disfrazado con sus ropas más viejas se dedicaba a escuchar, mirar, observar muchos de los argumentos, de los diálogos y de los decorados que incluiría en su próxima película, Los olvidados. Muy controvertida en México, triunfó en Cannes y cambió el destino de Buñuel. Octavio Paz, Luis Cernuda, Carlos Fuentes comenzaron a escribir alabanzas de su cine. En México fue feliz. Rodó muchas películas, algunas obras maestras, Él, La vida criminal de Archivaldo de la Cruz, Nazarín, El ángel exterminador, Simón del desierto. Comenzó a viajar a Europa. Viajaba al sur de Francia, a la frontera para poder ver a su madre. Y finalmente viajó a España en el año sesenta con la relativa tranquilidad que le otorgaba su nacionalidad mexicana. Volvió a España, no para rodar como pretendía una vieja fantasía erótica que tenía con la reina de España, doña Victoria, elegante y rubia, tipo de mujer que siempre había gustado a Buñuel. En sus deseos no rodados mantenía un encuentro sexual con la reina que caía en sus brazos gracias a un narcótico. Lo que rodó fue Viridiana, una de las películas más malditas, odiadas y perseguidas por el franquismo. Ganó el Festival de Cannes. En España no se pudo ver hasta después de la muerte de Franco. Siguió rodando en Francia, en España, en México, pero vivió hasta su último suspiro en su casa mexicana. Deseó tener una muerte tranquila, como la de su amigo Max Aub, que murió jugando una partida de cartas. Y tuvo una muerte tranquila, se despidió de su mujer, de Jeanne, diciéndola "Ya me muero". No le sorprendió la muerte. Cuando llegó, la estaba esperando, era un 29 de julio de 1983, cerca de las cuatro de la tarde. Se incineró su cadáver, sus cenizas se esparcieron por un cercano bosque por el que gustaba dar paseos. Dicen que un sacerdote con el que le gustaba discutir, al que le gustaba provocar, se quedó con parte de las cenizas y las tiene escondidas en una capilla de una iglesia de la ciudad de México. Espero que esas cenizas puedan de vez en cuando cumplir con sus últimos deseos: "Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada 10 años, llegarme a un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba".
JAVIER RIOYO - Madrid - 27/07/2008, elpais.com

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